¿Expulsamos al violento?

Este año se cumplió el quinto aniversario del Ni una menos y, en consecuencia, varios clubes hicieron las publicaciones correspondientes para conmemorar la fecha. Cualquiera podría considerar esto como una muestra de apoyo hacia la lucha, un guiño de solidaridad con la causa. Pero, ¿lo publican por estar de acuerdo o sólo intentan ser “políticamente correctos”?

Son conocidos los casos de futbolistas que han cometido actos de violencia de género y que aún continúan jugando: Jonatan Cristaldo, Edwin Cardona, Wilmar Barrios, Lautaro Acosta, Agustín Rossi, Sebastián Villa y, el más reciente, Miguel Brizuela.

Todas las instituciones de las que formaban parte al momento en que se realizaron las denuncias y las que los contrataron después actuaron de formas diferentes, pero ninguna toma la medida drástica pero necesaria de rescindirles el contrato. Y, durante mucho tiempo, ni siquiera se pensaba que el club debiera hacerse responsable de lo que los futbolistas hacían fuera de las canchas.

De hecho, los únicos cinco clubes de primera división que tienen un protocolo para estos casos son Racing Club, Vélez Sarsfield, San Lorenzo, Rosario Central y Newell’s Old Boys. El equipo de Avellaneda lo hizo a través de un convenio con la Organización de Naciones Unidas (ONU): “Centrado en prevenir la violencia de género y garantizar el acceso a servicios de atención a mujeres y niñas en situación de violencia, el compromiso de Racing Club con la Iniciativa Spotlight firmado en la sede de la institución deportiva será puesto en práctica de inmediato».

Este convenio fue firmado un mes después de la denuncia de Morella De Las Heras contra su marido y jugador del club, Jonatan Cristaldo, que consiguió una perimetral y un botón antipánico luego de que el futbolista la golpeara y la arrastrara por su casa.

Foto publicada por la periodista partidaria de Racing, Leticia Andregnette

A pesar del supuesto compromiso de Racing para actuar frente a estos casos y su apoyo al Ni una menos (todos los años publican en las redes institucionales al respecto), la sanción fue una licencia de cinco días, lo que sólo implicaba perderse un partido. Hasta el día de hoy sigue siendo miembro de la plantilla profesional.

En el caso de Vélez, el club parece estar mucho más comprometido que el anterior ya que incluso tienen un área específica para cuestiones de género creada en mayo de 2018 (la primera institución de AFA en tener una oficina especializada). Sin embargo, el año pasado incorporaron a Ricardo Centurión, denunciado por violencia de género en 2017 por su ex novia Melisa Tozzi, luego de agresiones, golpes y amenazas recibidas por parte del jugador (cabe mencionar que tuvo un breve período en Racing luego de este hecho), y también se le dio una perimetral y un botón antipánico. Pero la “solución” que ofreció Vélez para justificar su adquisición fue que se le rescindiría el contrato de incurrir nuevamente en este delito, lo cual es casi una burla para el protocolo y lo que dicen defender.

En cambio, el 15 de junio de este año, Miguel Brizuela (también jugador del Fortín), fue denunciado por su pareja Melina Neto. La madre de la víctima fue quien hizo público el hecho sucedido dos días antes. En este caso, la responsable del área de género del club, Paula Ojeda, se contactó con ella y su abogado y recibió una copia de la denuncia. Luego de hablar con los directivos, se decidió sacar preventivamente al jugador de la plantilla.

Denuncia publicada en Twitter

Pero, ¿y en el caso de Centurión? ¿Aplicaríamos el “borrón y cuenta nueva”? ¿Como las áreas y los protocolos fueron posteriores dejamos pasar los hechos de violencia? Si esto sucede en los clubes que dicen estar comprometidos y cuentan con protocolos, peor es la situación en instituciones que no lo plantean como política.

El año pasado, el ídolo del club Lanús, Lautaro Acosta, fue denunciado por su ex novia y madre de su hijo, Ludmila Isabella, por los maltratos a los que la sometió durante su relación y, principalmente, su embarazo.

El club no sólo no tomó ninguna acción frente a esto, sino que mantuvo la estatua que le hicieron y sigue siendo el ídolo que los hinchas del granate aplauden los fines de semana. Pero luego el presidente de la institución y legislador Nicolás Russo propone que la llamada Ley Micaela se aplique en entidades deportivas.

Y esto sin mencionar que el actual arquero de Lanús, Agustín Rossi, también fue denunciado en 2017 por Bárbara Segovia, su ex pareja. Ella mostró fotos de los golpes y capturas de pantalla de conversaciones con el jugador que confirmaba el haberla agredido. Cuando sucedió la denuncia, Rossi era la nueva adquisición de Boca Juniors, un club que trae en su espalda varios casos y que sólo actuó en uno.

Foto publicada por Bárbara Segovia en su cuenta de Facebook

No sólo ignoraron lo que sucedió con el arquero, sino que hicieron lo mismo también con el ya mencionado Centurión e incluso mantuvieron en su plantilla a Edwin Cardona y Wilmar Barrios, ambos denunciados en 2018 por lesiones leves, amenazas y abuso sexual contra dos mujeres en un hotel de Puerto Madero.

El único caso en el que el club se hizo responsable fue el de Sebastián Villa en el que, luego de que su ex pareja Daniela Cortés lo acusara de haberla agredido física y psicológicamente durante los dos años que estuvieron juntos, el Xeneize decidió que ya no quiere tener relación con el jugador y buscarán darlo a préstamo para no perder económicamente. En este contexto de pandemia, no fue incluido en los entrenamientos virtuales y, en caso de volver a entrenar en cancha, se le dará otra licencia y será apartado nuevamente.

Extracto del vídeo publicado por Daniela Cortés

Si bien no es la medida que se esperaría (rescindirle el contrato sería lo correcto si esperamos un verdadero compromiso para erradicar la violencia de género), es incluso mejor que la de clubes que cuentan con protocolos y áreas para encargarse de estos casos. Por supuesto buscan resguardar su inversión, pero no manteniendo al futbolista en el plantel.

Estos son algunos de los casos que encontramos dentro del fútbol profesional argentino y de los que tenemos conocimiento, pero pueden ser más. La violencia de género todavía está muy presente a pesar de los movimientos de mujeres que buscan combatirla todos los días. Esta lucha se hace más difícil cuando se trata de hombres famosos, en este caso futbolistas, que son defendidos por sus fanáticos y los clubes que velan por sus propios intereses en lugar de cumplir con su función y compromiso social y actuar en consecuencia.

La palabra de una mujer tendría que ser suficiente para tomar represalias contra los involucrados si realmente buscamos tener políticas contra la violencia de género que funcionen en las instituciones. O, en todo caso, abandonar la hipocresía y no realizar publicaciones demostrando un apoyo que no existe o creando áreas con gente especializada que tienen como única función hacer recomendaciones a la dirigencia y no encargarse de estos casos personalmente. Y, como hinchas, no avalar este tipo de conductas independientemente de lo que el jugador “haya hecho por el club”.

Tarjeta roja al maltratador para que el Ni una menos tenga valor.

Por Micaela Sabán

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