Estaba en Twitter, leyendo publicaciones aleatorias en mi timeline: “Estos son los once de Racing para el partido del domingo”, “Wanda Nara y Mauro Icardi, ¿problemas en el paraíso?”, “Alberto Fernández primero en las encuestas”. Casi siempre es lo mismo, así que lo pasé rápido hasta que algo captara mi atención. Y ese algo apareció.
Uno de mis twitteros favoritos, @Periodistan, publicó otro de sus maravillosos hilos, en los que cuenta historias y experiencias que recoge en sus viajes. En este caso, hablaba de Afganistán. Pero no de su religión, su cultura o sus paisajes, sino de la formación de la selección femenina de fútbol de ese país.
El deporte es mi tema predilecto, así que lo leí. La historia era muy interesante y captó toda mi atención y, en uno de los tweets, @Periodistan adjuntó los usuarios de las tres mujeres encargadas de armar este equipo. Inmediatamente decidí aprovechar la oportunidad para contactarme con alguna de ellas y la elegida fue Shamila Kohestani, la primera capitana de esta selección. Contrariamente a lo que suponía, en unas pocas horas, recibí su respuesta y concretamos una entrevista.
Shamila es una mujer muy bella y amable, y se puso a disposición de lo que necesitara desde el primer momento. Hablamos alrededor de media hora, y aunque la videollamada fue entrecortada, con un audio un tanto malo y con un inglés que yo no hablaba desde hace tiempo, dio sus frutos.
Shamila nació en Kohistan[1], y durante su infancia debió atravesar el paso del gobierno de su país al régimen Talibán, que derivó en una serie de reformas restrictivas de la libertad de acción y decisión de las mujeres[2]. A raíz de esto y por cuestiones de seguridad, en 1996 su familia se mudó a Kabul, capital de aquel país.
Aún así y debido al régimen, ella se quedaba en su casa o salía cubierta con una burka[3]. Actualmente vive en Washington y ya no la usa, pero no por eso ha abandonado sus creencias o su cultura.
No voy a hablar sobre la vestimenta porque no soy quién para juzgar su cultura, quizás las mujeres afganas nos vean a nosotras como las oprimidas por la ropa que utilizamos, y he leído en otro de los hilos de Periodistán que tanto nativas como turistas lo prefieren, no sólo por seguridad o por sus propias creencias, sino porque lo encuentran cómodo y las protege de los fuertes rayos del sol. Pero cada una sabrá qué le parece mejor. Si me tocara viajar allí, quisiera probarlo.
Entre las cosas que estaban prohibidas o mal vistas para las mujeres se encontraban algunos deportes y uno de ellos era el fútbol, que cautivó a Shamila y comenzó a jugarlo en el barrio. Para ese entonces, el régimen Talibán había caído, pero seguía siendo un país muy conservador y machista, que no dejaba el camino fácil para ninguna mujer. Aún así, a pesar de la cultura y la presión social, no hubo reproches por parte de su familia para que practicara ese deporte. Ella cree que fue porque su padre tuvo tres hijas y, al estar rodeado de mujeres, logró empatizar y se volvió más permisivo.
La mayor dificultad estaba en la falta de espacios y elementos para poder hacerlo, desde canchas, pelotas y arcos hasta botines y la indumentaria correspondiente, algo con lo que los hombres sí contaban y que no se les permitía a ellas con la excusa de “que ya era suficiente con que pudieran ir a la escuela”, además que la ropa debía respetar la ley cultural que indica que las mujeres deben estar cubiertas. Hoy en día, varias marcas han hecho camisetas con hiyabs[4] como respuesta a esta necesidad. Pero, en ese entonces, si tenemos en cuenta que ni siquiera estaba bien visto por las mujeres practicarlo, pensar en una indumentaria que cubriera con esto era muy lejano. Por eso lo hacían con sus propios velos, lo que resultaba muy incómodo, ya que se corría con el movimiento y no debían estar descubiertas. La misma Shamila fue golpeada por un talibán por tener mal puesta la burka un día que
caminaba por la calle. Salió corriendo mientras lloraba. Años después la felicitarían por su forma de correr y siempre se acordaría de esto.
Por estos motivos, ella junto a otras mujeres futbolistas decidieron armar la selección femenina de fútbol afgano. No sólo para que ellas pudieran conseguir un espacio donde jugar, sino para que las futuras generaciones no tuvieran dificultades para poder hacerlo.
En ese duro recorrido recibieron críticas y cuestionamientos no sólo por parte de los hombres que estaban a cargo de la Federación, sino también de la sociedad en general, pero ella asegura que eso no le importaba, en tanto se consiguiera lo que deseaban: “Nosotras sabíamos que si queríamos jugar al fútbol, que es lo que nos hace felices, teníamos que tolerarlo”.
Gracias a los esfuerzos de estas mujeres el objetivo fue logrado y, a partir de ahí, las cosas cambiaron en Afganistán: “Ahora tenemos una liga de mujeres, pequeños clubes hasta en 27 provincias (no sólo en las grandes ciudades), hay escuelas que ofrecen este deporte para mujeres. Este es el resultado de lo que empezamos hace ya quince años. Incluso tenemos un Comité de Mujeres en la Federación. Todavía tenemos que luchar por la igualdad, pero ya no estamos en la misma posición de desventaja”.
Si bien las mujeres somos oprimidas en todos los lugares del mundo, aún me resulta difícil de creer que, hasta hace tan poco tiempo, hubiera algunas a las que se les prohibió su educación. Tal vez porque nunca tuve dificultades para acceder a ella.
Pienso en las mujeres que hoy son analfabetas o que tenían distintas aspiraciones y fueron relegadas a las tareas del hogar. Por supuesto que cada una puede elegir, pero se le deben otorgar herramientas para poder hacer una elección real.
Shamila pudo retomar sus estudios y a los 18 años se mudó a los Estados Unidos. Cursó un año en la Academia Blair y luego estudió Relaciones Internacionales y Estudios de Mujeres en la Universidad Drew, ambas en Nueva Jersey, donde se unió al equipo de fútbol. Lamentablemente no pudo hacerlo de manera más profesional ya que no estaba en condiciones por la juventud de la liga afgana y por su poca experiencia en relación a su edad, si la comparamos con la liga estadounidense, una de las más importantes y desarrolladas del mundo. Además, para ella y su familia, su carrera era más importante, ya que fue la primera generación de universitarios entre ellos, sin mencionar la importancia de haber conseguido una beca para estudiar en Estados Unidos.
De todas maneras, ese hecho no hace que le reste importancia al fútbol y lo que ha conseguido a través de él: “Tuve la oportunidad de viajar alrededor del mundo, verlo desde distintas perspectivas, conocer a un montón de gente impresionante, además de darme la confianza de dejar a mi familia tan joven y mudarme a un país al otro lado del mundo. Así que amo todo eso pero también quería asegurarme de tener una educación universitaria y volverme económicamente independiente. Y estoy muy feliz de ver donde estoy hoy”.
Su paso por las instituciones educativas no se limitó solamente a estudiar, sino también a dar charlas acerca de lo que le tocó vivir y su experiencia, tanto en escuelas secundarias como en universidades: “En un principio, vine a Estados Unidos a un campamento de fútbol. Ahí le comenté la historia a mis compañeros y luego lo hice también en la secundaria, sobre cómo empecé a jugar y cómo se estableció el equipo. Otras personas me escucharon y me invitaron a hablar a sus escuelas y así me fueron conociendo y empecé a dar discursos y charlas”. Gracias a esto, mucha gente se le acerca para manifestarle su admiración, incluso sus hermanas y primas, aún cuando ella nunca pensó en eso, sino que lo hizo para demostrarle a todos los que alguna vez menospreciaron a las mujeres que somos inteligentes y capaces de lo que fuere: “Me considero un modelo a seguir, pero no porque lo haya planeado, sino por lo que transité en estos quince años”.
Ella no tenía referentes siendo chica porque no había muchas mujeres en Afganistán que pudieran destacarse debido al fuerte Estado patriarcal pero, estando en Estados Unidos, conoció a Julie Foudy[5], ex capitana de la selección femenina de fútbol, quien ahora es su amiga y a quien admira y tiene como mentora por todo lo que ha conseguido.
Alguien que también la apoya mucho es su marido Kyle (estadounidense), con quien está casada hace dos años y que conoce hace once. Al hablar de él, se sonroja un poco y sonríe, se nota que está enamorada. Y, a diferencia de lo que puede ser una relación en un lugar tan conservador como Afganistán que reprime tanto las libertades de las mujeres, Kyle es un compañero incondicional, y según dice ella misma, muchas veces no puede creer que se haya casado con él.
La entrevista llega a su fin. Me deja un poco triste porque podría hablar durante horas. Pocas veces se tiene la oportunidad de conocer a una mujer así. Pero la distancia y el internet no hicieron fácil nuestro encuentro.
Nos despedimos, pero no sin antes pedirle una reflexión final, un mensaje para las mujeres y niñas de todo el mundo. Piensa por unos segundos y empieza: “Algo que siempre he pensado es cómo el deporte me ha empoderado. Así que quiero que todas las mujeres allá afuera sepan que pueden practicar deportes. No dejen que nadie las trate como si fueran débiles ni de forma diferente a otros, porque ahí es donde se desalienta a las jóvenes porque se les impone la sensación de que no son lo suficientemente buenas. Y algo que considero importante es la necesidad de que las mujeres nos apoyemos entre nosotras, porque la mayoría de las industrias deportivas están a cargo de hombres desde hace mucho tiempo y nosotras somos minoría. Así que, a las que tienen alguna posición junto a ellos, que traten de lograr y generar un impacto, darles oportunidades a otras mujeres”.
La historia del fútbol femenino es muy reciente y la vamos escribiendo todas las mujeres que practicamos, vemos y vivimos el deporte. Aún falta mucho recorrido y no va a ser fácil con un mundo regido por el patriarcado, que nos oprime todos los días de distintas formas y en todo el mundo. Pero, gracias a mujeres como Shamila y tantas otras que dedican parte de su vida a la búsqueda de la equidad, las futuras generaciones podrán vivir un mejor presente y una verdadera libertad. Y arrasarán.

Por Micaela Sabán
Referencias
[1] Ciudad ubicada en la Provincia de Kapisa, al noreste de Afganistán.
[2] Las reformas regulaban principalmente su forma de vestir (no podían salir descubiertas a la calle, desde niñas debían usar una bufanda que cubriera sus cabezas y, a partir de los diez u once años, comenzaban a cubrir sus rostros), su comportamiento en público, la libertad de tránsito y sus responsabilidades con la sociedad: se prohibió trabajar (excepto en el sector sanitario), se les prohibió salir sin escolta, no se les permitía estudiar y el adulterio se castigaba con la lapidación.
[3] También llamado burqa, es un tipo de velo opaco que se ata a la cabeza y cubre la cara a excepción de una franja situada a la altura de los ojos.
[4] El hiyab es un velo que cubre la cabeza y el pecho que deben usar las mujeres musulmanas.
[5] Julie Maurine Foudy (nacida el 23 de enero de 1971 en San Diego, California) es una futbolista estadounidense retirada que integró la selección femenina de fútbol de los Estados Unidos entre 1987 y 2004 y fue la capitana del equipo desde 2000 hasta su retiro en 2004. En 1991 ganó el Campeonato Mundial de la FIFA y se retiró junto a otras jugadoras importantes, marcando el fin de lo que los medios llamaron la era dorada del fútbol femenino.
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