Dios es argentino y mira fútbol femenino

Las escocesas ganaban el partido 3-0, resultado con el que se aseguraban la clasificación a la siguiente ronda del Mundial. Pero, sin nunca dar el partido por terminado, las argentinas se lo empataron al final del segundo tiempo y les arrebataron el tercer puesto. Se produjo el milagro.

La previa y el inicio mostraron las caras de nervios y determinación de las jugadoras de ambas selecciones. La que ganara tendría el pase a octavos de final como mejor tercera. Un empate dejaría la agonía hasta el día siguiente, mientras esperan los resultados de los partidos Chile-Tailandia y Nueva Zelanda-Camerún.

El primer tiempo estuvo parejo, con situaciones de gol de ambos lados, pero Kim Little ponía el 1-0 para Escocia a los ’19, justo después de un cabezazo de Larroquette al travesaño que le hizo atragantarse el grito sagrado.

El complemento arrancó mal para las sudamericanas: a los ’49 ya iban dos abajo, después de un centro al área que llegó a la cabeza de Jenny Beattie, que la mandó adentro y al medio.

Cada vez más lejana parecía la chance de clasificación para las de celeste y blanco que, si bien nunca dieron el partido por terminado y siguieron poniendo ovarios, no podían convertir y los minutos seguían corriendo.

A los ’69 llegó la puñalada final de las británicas, cuando Leanne Crichton pateó al arco, rozó los dedos de Correa, pegó en el palo y el rebote llegó a los pies de Cuthbert, que no perdonó.

Todo parecía perdido para la albiceleste y las escocesas ya estaban pensando en los octavos de final.  Pero, cinco minutos después, con la entrada de Dalila Ippólito de 17 años, llegó el pase de gol para Milagros Menéndez. Y ahí llegó el momento de Argentina.

A los ’79, Florencia Bonsegundo sacó un zapatazo desde fuera del área que le fue imposible  de atajar a Lee Alexander, que sintió cómo la pelota se escurría de sus dedos y entraba al arco, poniendo el 3-2.

Con ese resultado, el entusiasmo empezó a ser cada vez mayor. Si hicieron dos goles, podían hacer tres. Pero ya llegaba el final y el marcador no cambiaba. Hasta que pasó el milagro: Aldana Cometti fue derribada en el área, falta que fue corroborada varias veces por el VAR, que le dio el penal a Argentina.

En el banco de suplentes lloraban, otras no veían o se ponían de espaldas y a más de una se le cortó la respiración. Ya habían pasado los ’90, era ahora o nunca. Fue Bonsegundo, se dio la orden, tomó carrera y pateó… Pero Alexander atajó el flojo remate. Las escocesas festejaron pensando que se terminó. Las argentinas lloraban y ya no de emoción.

Pero, como si dios o el universo fueran hinchas de la albiceleste, le avisan a la árbitra que la arquera se adelantó y que hay que repetir el penal. Una nueva oportunidad que se les dio gracias a no se sabe quién. Una que Bonsegundo no iba a desaprovechar.

Remate fuerte y al medio. La arquera se había inclinado apenas a la izquierda, pero no lo pudo detener. El resultado era 3-3, se había producido el milagro.

Sacaron del medio en el poco tiempo que quedaba y la referí lo terminó, a pesar de las quejas de las jugadoras de ambas selecciones que exigían más minutos por todas las veces que se vio detenido el juego. Pero el pitido final ya había sonado.

La imagen se revirtió y vimos a las argentinas festejando y a las escocesas llorando. La garra que pusieron durante los ’94 que duró el encuentro no fue en vano. Como ya dijo una vez Estefanía Banini: «Demostramos lo que es la mujer argentina».

Si bien deben esperar los resultados de dos partidos, es posible creer en milagros después de lo que se vio en el Palacio de los Príncipes.

Por Micaela Sabán

Fotos prensa del torneo

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